La emprendedora de 10 años de Silicon Valley

Su motivación es simple  “Mi misión es que los niños se emocionen por el código, que lo disfruten y lo vivan como una experiencia divertida, al igual que yo”.

Pasión por los códigos

Samaira Mehta tiene solo 10 años, pero se expresa con seguridad, facilidad y, sobre todo, con mucha emoción acerca de temas como lenguajes de programación, desarrollo web o inteligencia artificial. Es toda una experta en programación y es tan buena en lo que hace que ya fue contratada por Google, aunque comenzará a trabajar para esta compañía cuando haya terminado la universidad. 
   
Samaira Mehta descubrió su pasión por la programación a los 6 años, cuando su padre, Rakesh Mehta, un ingeniero, la introdujo por primera vez en el lenguaje de programación Scratch, creado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y que permite la creación de animaciones y juegos.
   
Ese día se iluminó mi mente. Mi papá comenzó a mostrarme sitios en internet que enseñan partes básicas de programación. Fue difícil al principio porque no entendía muy bien, pero luego me enseñó los conceptos, y se volvió muy fácil”, contó.
   
Al ir entendiendo con más claridad la programación, Samaira deseaba compartir con sus compañeros esto que le apasionaba, pero se encontraba con el inconveniente de la dificultad, más su cabeza inquieta no se dio por vencida. “Cuando les contaba a algunos amigos que me gustaba el código, ellos me decían que les parecía aburrido. Yo quería que fuera divertido y se me ocurrió usar juegos de mesa para lograrlo”, afirma.

De idea a proyecto productivo

La idea resultó ser muy productiva y pronto se encontró pasando de ser una sola idea a un proyecto emprendedor muy productivo.  Con la participación de su padre y madre, incluso la de su hermano de 7 años, se enfocó en llevar a cabo su proyecto, Coderbunnys, una empresa enfocada en el desarrollo de juegos de mesa para enseñar a niños sobre programación e inteligencia artificial, la cual fundó cuando tenía 8 años.  
   
Su motivación es simple  “Mi misión es que los niños se emocionen por el código, que lo disfruten y lo vivan como una experiencia divertida, al igual que yo”.
   
Samaira actúa como cualquier emprendedor cuando tiene una idea en su cabeza, y durante el desarrollo de su proyecto tuvo que hacer uso de su gran creatividad, tomó lápiz y papel para hacer bocetos de sus ideas. Pasó días dibujando, eligiendo los colores y creando los primeros prototipos. Después de intercambiar alrededor de 100 correos electrónicos con diseñadores gráficos, finalmente logró su soñada versión.
   
Su empresa ha logrado vender alrededor de 3.000 ejemplares. Los juegos ya han sido usados como herramienta de trabajo en varias instituciones educativas de Estados Unidos y han generado ganancias por unos $35,000 en menos de 2 años. Pero ella no se ha conformado con su éxito, por lo que acaba de lanzar se segunda creación llamada “CoderMindz”, una plataforma en la que también enseña a programar pero mediante el uso de inteligencia artificial, con el fin de impulsar su iniciativa llamada “Si mil millones de niños pueden programar”.
   
“El código es el futuro y en unos años va a ayudar a muchos niños a tener más opciones de trabajo”. 
   
Samaira también dicta charlas en colegios y librerías para compartir su pasión e incluso ha sido conferencista en grandes eventos de gigantes de la tecnología tan importantes como Microsoft y Google.

Estímulo para el emprendimiento

El padre de Samaira, Rakesh, hace una invitación a todos los padres de familia a que involucren a sus hijos en procesos de aprendizaje  y los motiven a emprender:  “Hace un tiempo era común pagar un curso de verano sobre emprendimiento que costaba 10.000 dólares, pero en la práctica tal vez no es lo más conveniente”.
   
“Pensé que si ella tenía una idea inteligente, debía identificar cómo hacer para llevar a cabo la experiencia y que pudiera tener fracasos y éxitos; cuando fallamos y aprendemos, lo recordamos de por vida; hay mucho crecimiento en el proceso, y esa es la clase de emoción que necesitan los niños. Eso es lo que seguramente los va a ayudar a que haya éxito. Así los van a inspirar”, afirma.
   
Samaira es un ejemplo real de lo que las generaciones futuras pueden llegar a lograr si desde temprana edad reciben la orientación y guía necesaria en referencia a sus capacidades. El proceso  de formación de un adulto se da desde la niñez, pasando por la adolescencia y la juventud temprana, es la realidad del pensamiento “todo niño es un adulto en potencia”, por lo tanto resaltar las capacidades de los niños y llevarlos a la exploración de sus talentos, seguramente los llevará a ser adultos productivos y exitosos.

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