El trabajo del futuro junto a los robots

Se estima que en los próximos 50 años se generen aproximadamente 58 millones de empleos producto de la automatización e implementación de nuevas tecnologías. 

Las máquinas: ¿amigos o enemigos?

A medida que la humanidad se adentra más en la Cuarta Revolución Industrial, en pleno proceso de robotización, a menudo las máquinas se presentan como el enemigo de los trabajadores, más aún cuando el referente para los seres humanos está basado en las proyecciones de ficción que nos han dejado las películas de Hollywood. Pero, ¿cuál es la realidad que nos espera a los humanos con respecto a la introducción de los robots y la inteligencia artificial en las labores que generalmente han sido realizadas por las personas?
Según cifras expuestas por el Foro Económico Mundial, en el año 2025 más de la mitad de los puestos de trabajo que hoy existen serán reemplazados por tareas que realizarán máquinas. Muchos de estos estudios ubican en el primer lugar a los empleos que desaparecerán por la implementación de la inteligencia artificial en las próximas décadas, en lo que para muchos podría parecer un “apocalipsis laboral”.
En contraposición con estos planteamientos surgen aquellos que muestran la implementación de estas nuevas tecnologías, no como un problema de pérdida de empleos para los trabajadores humanos, sino como la manera de reasignar aquellas tareas que durante mucho tiempo han generado dificultades y consecuencias, debido a las limitaciones humanas.

Los robots: complementos, ayudas y mejoramiento 

La consultora británica PWC realizó un análisis de más de 200.000 puestos de trabajo en 27 países, en el cual se exponen cifras que defienden la robotización con el argumento de que esta innovación trae consigo una mejora exponencial de la productividad. Y es que a medida que se desarrollen algoritmos que aprendan a hacer cada vez más cosas y que las hagan de manera más eficiente que las personas, se dará también la disminución de problemas relacionados a costos, velocidad y errores.  
PWC plantea también que:
“al 2030 la automatización se producirá en tres grande oleadas. La oleada algorítmica, que se dará durante los próximos cinco años, y se refiere a la automatización de labores sencillas relacionadas al análisis de datos. Una segunda oleada más sofisticada hasta mediados de la década de 2020, más enfocada a sistemas más sofisticados. Y una tercera oleada, propiamente autónoma, con la automatización de tareas rutinarias, de destrezas manuales y de la resolución de situaciones y problemas en tiempo real”. 
Para otros expertos, los robots serán un complemento y mejoramiento de las labores de los humanos, realizando actividades rutinarias y posiblemente, las más peligrosas. Pero expresan a su vez que no cabe dudas que muchos empleos serán ocupados por máquinas, lo que dejará cesantes a miles de empleados. Sin embargo, estos análisis y cifras no aclaran cuáles serán las funciones que surgirán para las personas con estas automatizaciones, o los probables nuevos empleos que surjan que serán de poco consuelo a los trabajadores, cuyas profesiones obsoletas los llevarán a prontos retiros.

Surgimiento de nuevos campos de trabajo

Esta posibilidad se plantea para trabajos de todo tipo, pero sin duda la más cercana se da en lo que a las llamadas 4D se refiere, tareas aburridas, peligrosas, degradantes o sucias, lo que redundaría en un impacto que lleve a una redefinición en su conjunto de la sociedad que conocemos. A pesar de que para muchos la revolución robótica tendrá repercusiones negativas, su generalización podría tener un impacto positivo en el empleo humano. Se estima que en los próximos 50 años se generen aproximadamente 58 millones de empleos producto de la automatización e implementación de nuevas tecnologías. 
A este respecto, expertos del FEM hacen énfasis en que para que dichos empleos puedan ser ejercidos, los trabajadores tendrán que hacer un enorme esfuerzo de formación y adaptación, al igual que los programas académicos deben actualizar sus contenidos enfocados a la capacitación de los estudiantes en cuanto a tecnologías emergentes. Igualmente, los estados deberán desarrollar los mecanismos para proteger al creciente número de personas que trabajarán de forma autónoma.
Sin lugar a dudas, los trabajos que más crecerán serán el de analista de datos, desarrolladores de software, especialistas en comercio electrónico y redes sociales, así como expertos en mercadotecnia; mientras que los que más decaerán serán los empleos de más baja formación y de trabajo repetitivo. No obstante, los trabajos que necesitan capacidades típicamente humanas como la creatividad, el pensamiento crítico y la persuasión crecerán claramente en importancia. 
Aproximadamente el 50% de las compañías esperan reducir los puestos de trabajo permanentes de ahora hasta 2022. Asimismo, aproximadamente el 48 % de las compañías espera contratar especialistas, el 38% pretende aumentar su planta y el 28% piensa que la automatización traerá nuevas contrataciones.

Un futuro que no puede detenerse

Las evidencias históricas sugieren que tratar de detener el progreso de la tecnología nunca ha tenido ningún sentido ni ha resultado positivo para quienes lo intentan, y en un mundo fragmentado, sin acuerdos en este sentido y con grandes incentivos para quienes siguen desarrollando más allá de donde otros países se detienen, menos aún.
Sin lugar a dudas para que la sociedad transite por una sustitución de personas por robots en un gran número de tareas, lo cual parece completamente inevitable, y a la que negarse sería simplemente absurdo y anacrónico, es necesario enfocarse en la cualificación y la re-educación de aquellos trabajadores que pasan por el proceso de sustitución. Esto representa una verdadera solución mucho más eficiente y rentable, que intentar detener esta disrupción tecnológica.  
Las legislaciones deberán enfocarse en implementar acciones para ayudar a estos trabajadores a transitar exitosamente hacia nuevos empleos y ocupaciones, que sean susceptibles de generar valor y darle un sentido positivo al proceso, más que enfocarse en frenar el avance tecnológico como método de defensa de estos mismos trabajadores. Una actitud que más que representar un hecho positivo trae un perjuicio tanto a las compañías como a una gran mayoría de trabajadores que esperan avanzar a nivel laboral.
Sea cual fuere la realidad tecnológica que tarde o temprano nos alcanzará, tanto empleados como empresarios, al igual que los estados, debemos disponernos a aceptar que los cambios llegaron y con ellos la necesidad de adaptarnos a fin de aceptar nuestro futuro junto a las máquinas